Gente que viaja sola
 Este año tuvimos la dicha de poder formar un grupo de tres mujeres dispuestas a caminar todo lo que fuera necesario para admirar en su plenitud las bellezas de la Patagonia austral. Así fue como recorrimos, en doce días, la zona de El Chaltén y una parte del parque nacional chileno Torres del Paine, para culminar con un saludo al glaciar Perito Moreno, en cercanías de El Calafate.
Pero no voy a hablar de nuestro viaje en este relato, sino de la confirmación que pudimos hacer, mis compañeras y yo, de que no pocas personas se animan a emprender el camino sin más compañía que su mochila, algún libro y la cámara de fotos.
Estábamos subiendo una cuesta particularmente dificultosa para acceder al glaciar Huemul, en la zona de Laguna del Desierto, cuando nos encontramos con una joven que hacía el mismo recorrido que nosotras. Cruce de saludos ineludible, una saludable costumbre de rigor entre caminantes, y algún comentario sobre cuál era la mejor forma de llegar a la cumbre del cerro, eso fue todo al principio. Luego, la emoción de la maravilla que estábamos admirando provocó algunas confidencias. “Viajo sola porque no logro ponerme de acuerdo con mis amigos o compañeros de trabajo en cuanto a fechas y lugares. Es el tercer año que hago lo mismo. Me gusta tanto el sur que no me importa venir sin otros”. Una charla casual, un breve intercambio de experiencias, y volvió a su marcha solitaria, registrando en una cámara de tipo profesional las imágenes que seguramente podrá compartir.
El hombre no era ni tan joven ni tan viejo y lo cruzábamos en casi cualquier recorrido que hacíamos en El Chaltén. A veces, era subiendo a un mirador, otras, saliendo de un bodegón, otras, simplemente en una de las pocas calles que surcan el todavía pequeño poblado. A mí me había llamado la atención por su parecido con un amigo, de origen armenio. A una de mis compañeras, porque “no estaba nada mal”. La cosa es que ya lo teníamos fichado y nos habíamos hecho, cada una, una película de por qué viajaba solo, qué hacía, a qué se dedicaba. Nunca cruzamos palabra con él, pero su periplo solitario también me hizo reflexionar.
Finalmente conocimos a Flor, la única de quien supimos el nombre. Era muy joven y estaba en Chile trabajando en un hotel de Puerto Natales. Había emprendido el recorrido de Torres del Paine porque tenía cuatro días de vacaciones. Se desplazaba de campamento en campamento, por referencia de amigos o eventuales compañeros de camino. Estábamos varadas en una guardería (estacionamiento de vehículos), nosotras a la espera de que amainara el viento para subir a un mirador, ella por la misma razón, pero para embarcarse en un catamarán rumbo al refugio del Lago Grey. Compartimos unos mates, algo de fruta seca y el relato de su aventura magallánica. Cuando subió al catamarán, que partió a pesar de que las ráfagas seguían sacudiéndonos con la misma intensidad, le preguntamos cómo se llamaba, y más tarde mis compañeras y yo nos confesamos que habíamos tenido el mismo terrible pensamiento: “al menos, sabemos cómo se llama por si sale en una lista de náufragos…”. Su barco llegó a destino ese día, y la audacia de la joven marplatense me dejó rumiando pensamientos, una vez más.
¿Por qué tanta reflexión? En mi ya larga y rica vida he podido disfrutar de muchos viajes, la mayor parte de ellos en agradable compañía. Pero no fueron pocas las veces en que las circunstancias me pusieron en el brete de hacer cosas por mi cuenta. Tengo que confesar que, en esos momentos, me ganó la desazón de pensar que no podía, que quién sabe qué me pasaría andando sola, que no hay nada como poder compartir las cosas que uno va conociendo, y tantos otros prejuicios más.
Flor, “el armenio”, la joven fotógrafa solitaria del lago Huemul y tantos otros que cruzamos en el camino me convencieron de que no hay razones para dejar de hacer aquello que uno sueña, aunque los amigos, los compañeros de trabajo y de estudio o la familia no estén disponibles para compartir la aventura. Que nada ni nadie me impida, nunca más, emprender la ruta.
Por: Barbarella
Foto: Alicia Peiró
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