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Una excusa para sentirnos niños otra vez

Vacaciones de invierno. Para algunos, un placer, para otros, una tortura china… Circular por las calles de Buenos Aires esquivando payasos y princesas que nos acosan con volantes para los espectáculos infantiles en cartel, aguardar pacientemente (o no tanto) que familias enteras de visita en la ciudad entren o salgan del vagón de subte, pelear con un infante por el único asiento que se liberó en el micro cuando volvemos agotados del laburo -porque seguramente usted o yo no tuvimos ni tenemos días libres-, todo nos cuesta más en estos días. En fin, son solo dos semanas, se terminan volando, y volvemos a la rutina de caras largas y oficinistas enchufados en su celular de última generación, cuando nadie habla con nadie y nos movemos con la soltura que nos da la seguridad de que somos todos adultos, dueños de la gran urbe, y los pocos menores que circulan lo hacen para ir al colegio y/o cumplir con su rutina de saxo, inglés, tenis, pileta y psicólogo una vez a la semana.

Pero, ¿por qué no aprovechar la maroma y hacer algo diferente también nosotros? ¿Por qué dejarnos invadir por la amargura de saber que ya no tenemos las ansiadas vacas de invierno, que ya no nos asombra Buenos Aires, esta inmensa caja de Pandora, y no disfrutar como si volviéramos a los días felices cuando después del 9 de julio empezaba la fiesta de verdad? Sí, señora, señor, todos tenemos la oportunidad de volver a hacerlo… Seguro que tiene algún niño disponible por ahí. ¿Que los suyos ya crecieron? ¿Que no hay nietos en el horizonte? ¿Que no, que nunca tuvieron ni tendrían hijos? No importa, tiene que haber algún sobrino o sobrina, un ahijado, el hijo del amigo o incluso, por qué no, el pibe de la vecina, al que nunca le dimos bola, pobrecito. Junte coraje, mire la cartelera, e invítelo a salir a recorrer esas calles llenas de artistas abnegados, vaya a las plazas y disfrute del espectáculo que le ofrecen gratis, ármese de paciencia y haga la fila para sacar un par de entradas al cine (sí, hay niños que todavía nunca fueron al cine), aférrese el pochocho, que una vez en la vida no le va a caer mal, y ríase con ganas, que nadie lo va a mirar mal.

Abra los ojos, destápese los oídos, dé rienda suelta a sus emociones, y viva la alegría otra vez, como antes, como siempre, como nunca debería haber dejado de hacerlo. ¿No sabe a dónde ir? Acá le damos una ayudita, solo cliquee en el enlace.

Foto: “1810”, en el Teatro de La Ribera

Enlace: http://www.buenosaires.gov.ar/agenda/
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