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¿Celoso yo?

Sentir celos de una forma moderada es algo que todos hemos experimentado alguna vez. Incluso una situación así podría resultar estimulante si provoca que celado y celoso estén atentos uno al otro.


Pero es importante distinguir para verificar la naturaleza y utilidad de los celos, el tipo de estímulo que lo dispara y la manera con que reaccionamos a lo que sentimos. Si uno sufre y hace sufrir a otro  por sus celos, es tiempo de reflexionar.


Los celos suponen el miedo de perder el amor de una persona querida como consecuencia de la relación que esta mantiene con otra (a veces puede ser con un grupo). Aclaremos: si un señor ve a su pareja besando apasionadamente a otro hombre y siente celos es una cosa, si la ve saludando amablemente a un compañero de trabajo es otra. Si a raíz de la situación observada el señor del ejemplo comete un crimen pasional es una cosa, si la situación que dispara los celos es seguida de un diálogo  que permite analizar la situación en el contexto de la relación entre ellos, lo que los lleva a una comprensión madura de la situación con las decisiones y aprendizajes que esa misma conversación permite, es otra.


Si lo ponemos en términos de una graduación de la generación de celos lo podríamos plantear de este modo: cuanto más pequeño es el estímulo y más destructiva y alterada la reacción, más patológica es la situación a la hora de evaluar. También habrá que tomar en cuenta la duración y la frecuencia con que los celos se presentan.


Hay en algunas personas la necesidad reiterada de introducir a un tercero en relaciones interpersonales, produciéndose especialmente en los vínculos de pareja, relaciones triangulares. Sobre ese supuesto rival se proyectan sentimientos negativos de odio y de resentimiento, que pueden ocultar otros sentimientos como por ejemplo la envidia. En los celos enfermizos hay necesidad de competir siempre con otro, generándose sentimientos de inseguridad e impotencia.


Esto hace que ciertos celosos suelen mantenerse alertas y vigilantes, intentando desbaratar supuestos engaños, lo que los puede llevar a controlar llamadas telefónicas o mensajes informáticos y de texto, interpretar gestos o miradas, hacer visitas en horarios inesperados, las que serán interpretadas con el colorido de la sospecha y el malestar.

 
En algunos casos, tal vez los más graves, el celoso vivencia una situación imaginaria como si fuera real, no siendo consciente de los propios celos y centrando su interés en encontrar pruebas que avalen sus sentimientos y percepciones,  fundamentando así sus sospechas. Se produce entonces un trastorno del pensamiento donde pueden existir falsas percepciones e interpretaciones de la realidad y recuerdos que vinculan hechos no siempre relacionados y coherentes. Se trata de un tema que ocupa su atención y preocupación permanente. La rabia, tristeza y humillación suelen estar vinculadas con esa problemática.


Los celos, entonces, implican un miedo oculto, una amenaza o sensación de sentirse abandonado o excluido pero, como suele ocurrir con algunos de nuestros sentimientos, vienen a ser como una lucecita roja en el tablero del automóvil que nos indica que algo sobre lo que tengo que actuar está ocurriendo. Por eso, si pensamos al miedo como señal, este no es necesariamente negativo sino una “pista” para seguirle el rastro ya se trate de algo referente a uno mismo o a los vínculos que están involucrados en la situación celosa.  Y esto lo podemos sentir en una relación de pareja, de hermanos frente a los padres, de compañeros de trabajo en la relación con el jefe, etc. No hay límites en cuanto al tipo de vínculos para sentir celos, aunque por el carácter de la relación,  el vínculo  de pareja suele ser el  más paradigmático.


Uno siente celos en áreas donde se siente inseguro, más allá de la situación celosa que la genera. En esto intervienen experiencias anteriores, valores, modos de interpretar las relaciones entre las personas, etc. Hay gente que disfruta especialmente despertando celos, en cuyo caso, se trata casi siempre de un celoso o celosa. Aunque a veces, para algunos, los celos son una prueba del amor del otro por ellos. Hablando de amor, debemos decir que quien cree esto último debería tener en cuenta que el celoso ama hasta donde puede o como puede. Es todo caso, será un amor con características infantiles. Un niño que le ha nacido un hermanito ama a sus padres, pero puede tener berrinches o sentirse celoso cuando el bebé es tomado en brazos por sus progenitores.

Si del amor se trata, hay que hablar de niveles o de intensidades. Lo que ocurre es que a veces la actitud del celoso deteriora el vínculo a través de las manifestaciones que genera y esto lleva a  que se produzca lo que  teme, lo que se llama una  profecía autocumplida. La mayoría de las veces los celos enfermizos y la imposibilidad  que experimenta en cuanto a no saber cómo controlar los celos, concluyen en la ruptura de la pareja cuando de esta se trata. Pueden también generar situaciones de violencia doméstica debido al pobre control impulsivo que, en algunos casos, el celoso experimenta.


Por supuesto, la manifestación de los celos puede darse dependiendo de las características personales del celoso. Personalidades más extrovertidas o explosivas pueden hacer escenas de celos expresando sus quejas, reclamos o preocupaciones, pero también el celoso puede serlo en silencio, ocultando el  sufrimiento, los temores, las broncas y las reacciones interiores y exteriores consiguientes. Algunas personas introvertidas pueden distanciarse emocionalmente acumulando enojos y rencores. La persona se siente tan mal que hasta puede entrar en depresión o  en un estado de ira. Así los celos son emociones que funcionan como un mecanismo de defensa por medio del cual las personas intentan garantizar la permanencia de ciertos vínculos  protegiendo   la relación de actuales o potenciales intrusos.


Hay en la situación de celos un núcleo pasajero o permanente de autodesvalorización donde la imagen de sí mismo está comprometida. Puede darse una desvalorización de aspectos personales junto con una sobrevaloración de la persona por la que se cree que el ser querido se siente atraído. Al fin y al cabo, el famoso “complejo de inferioridad” conlleva la idea de ser poco digno de ser amado. A menudo, el miedo a perder está ligado a no tener permiso para tener.


Pero también la dependencia emocional excesiva origina los celos y otros problemas en las relaciones interpersonales como síntomas. La persona celosa siente que debe ser todo para el otro  u ocupar siempre y en toda circunstancia el lugar preferido en el universo del otro. En el caso de la pareja, la persona celosa debe pensar que su pareja no es propiedad exclusiva de él o de ella. Tiene que aceptar que la pareja debe trabajar, conversar con otros, reírse con otros y compartir algunas actividades sociales con otras personas sin llevar una relación erótica con ellas.


Será necesario muchas veces reconocer lo específico de cada vínculo, que una relación no va en desmedro de la otra. La toxicidad de los celos aprisiona, aunque de distinto modo, a la víctima y al victimario, generando una relación conflictiva. La gran mayoría de los crímenes pasionales tienen que ver con los celos.


A menudo, la persona celosa no repara en su propia persona y el auto rechazo escondido en la situación celosa. El cambio puede iniciarse en la comprensión de este sentimiento y esto no es malo en la medida que es preludio del cambio, pero a menudo este auto rechazo, en lugar de lograr esto último, lesiona más aun las partes que no gustan de sí. Enfrentar al enemigo de uno mismo y resolver la propia situación es el camino que empuja el cambio.


Finalmente, del otro lado de la moneda, existen personas a las que les gusta que las celen para sentirse amadas; no obstante, esas mismas personas manifiestan su cansancio después de muchos problemas de celos. Una relación así nunca es saludable. Hay que buscar mejores maneras de manifestar el amor.


Por tales motivos, en los casos más enfermizos, se hace imprescindible la consulta profesional  ya que difícilmente pueda solucionarse el problema de los celos  patológicos porque no existe por parte del celoso la capacidad de “darse cuenta” o algún grado de conciencia que le indique cómo controlar sus celos sino, por el contrario, como vimos anteriormente, todas sus vivencias y hasta los hechos cotidianos se dirigen a  justificar sus creencias erróneas e irracionales. A menudo, el celoso ayuda, sin querer, a concretar aquello que tanto teme. El miedo implica algún grado de fe en lo malo y la fe actúa para bien o para mal.

Por: Hugo N. Santos*

*Doctor en Psicología, Profesor en el Instituto Universitario ISEDET

Foto: Oscar Williams (Stock.xchng)

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