Vacaciones, ¿ansiadas o temidas?
 Llegan los días de verano y con ellos la mirada se pone en las soñadas vacaciones. Para algunos, los planes están hechos desde hace rato y la cuenta regresiva ha comenzado. En familia, en pareja, en grupo de amigos e incluso en excursiones con semi desconocidos, los proyectos ya están en marcha.
Pero quedan otros para quienes la temporada estival se convierte en la evidencia de una falta, de una carencia que se hace sentir. Estoy solo, no tengo pareja, mis amigos tienen cada uno sus planes por su lado, no tengo hijos pequeños de los cuales ocuparme, no me animo a hacer cosas sin la compañía de gente que conozca y en quien tenga confianza. Hay muchos que se atreven a emprender un viaje solos: para estos, todo un abanico de posibilidades se abre. Quizás conozcan gente interesante, quizás simplemente encuentren un placer desconocido en recorrer lugares nuevos sin tener que acordar con otro, necesariamente, a qué hora salir, cuándo comer, qué sitios visitar y cuándo parar a descansar. Otros se animarán a anotarse en grupos de gente sola que quiere hacer turismo sin tener que compartir el viaje con parejas ya establecidas o familias con niños. Las alternativas son muchas y la cuestión es animarse a explorarlas.
Los que organizan actividades para “singles” suelen hacer una recomendación, y es bueno tenerla en cuenta. No hay que emprender el viaje con la idea prefijada de que uno va a conocer al hombre o la mujer de su vida en el camino. Si uno se libera de preconceptos, si uno simplemente permanece abierto a las posibilidades que se den, uno va a disfrutar seguramente de la experiencia, aunque sólo regrese con una agenda cargada de recuerdos gratos y de nueva gente a la cual llamar de vez en cuando para ver si la magia de las vacaciones se mantiene a través del año.
Porque si bien uno seguramente ya no tiene menos de veinte años, este tema de las vacaciones entre solos y solas me hace pensar en los maravillosos viajes de egresados o los campamentos juveniles, para no mencionar las estadías en la playa con otras familias amigas o con vecinos con hijos adolescentes. Uno siempre volvía enamorado, lleno de nuevos amigos y amigas, y la intensidad de los nuevos afectos parecía que iba a durar todo el año, si no la vida entera. Pero lo más probable es que una vez iniciada la rutina, el príncipe azul o la princesa de cuentos empezaran a desteñirse, y los fantásticos e inolvidables nuevos compañeros de diversión volvieran a su rutina y dejaran de amarnos como cuando estábamos siempre todos en dulce montón. Excepciones habrá habido, no lo dudo, y alguna gran pareja dio sus primeros pasos en las tibias arenas de la costa o en los fríos lagos del sur. ¿Pero no son acaso éstas las que confirman la regla?
Por lo tanto, y para los que se animen a pensar que estar soltero no es sinónimo, necesariamente, de pasar las vacaciones solo, los invitamos a leer la nota publicada por Andrea Fernández en Ámbito Financiero que reproducimos en la sección Actividades: "Cómo viajar solo, pero a la vez acompañado".
Foto: Tim Hansen
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