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El Abasto de Gardel

Hace más de un siglo, el actual shopping center del barrio porteño de Almagro funcionaba como un mercado de frutas y verduras. A su alrededor, se erigieron bares y prostíbulos frecuentados por guapos y tangueros. El “Zorzal Criollo” fue y será el símbolo de un circuito cultural que hoy lo recuerda en cada esquina y paredón. Un paseo imperdible por su Buenos Aires querido.


La majestuosidad de la entrada al centro comercial más imponente de la Ciudad, ubicado en la calle Corrientes al 3200, cede su distinción a otro ambiente -que busca recuperar la historia de una zona emblemática para los porteños-, apenas el visitante ingresa por la calle Anchorena, rodeando el shopping.


El mítico bar “El Progreso” ya alerta a todos sobre un paseo que promete respirar tango. Es uno de los pocos sitios donde cantó Carlos Gardel que aún se conserva, aunque también el mencionado “boliche” le abrió sus puertas a la inmortal Tita Merello, quien coincidentemente protagonizó la película Mercado de Abasto, que colocó a este barrio en el imaginario colectivo de los argentinos.


Pero el “Mudo” no da tregua: en la próxima esquina aparece altivo, sonriente. Una estatua de bronce en su homenaje parece burlarse de lo que a sus espaldas se convirtió en un mega paseo de compras y les indica a los transeúntes que hacia el lado contrario comienza el pasaje peatonal que lleva su nombre, entre las calles Anchorena y Jean Jaurès.


A su costado se encuentra el bar “Chanta Cuatro”, también conocido como la Esquina Carlos Gardel, uno de los sitios más típicos y antiguos de la zona, fundado en 1893. Si bien hoy funciona como restaurante y tanguería, fue durante las primeras décadas del siglo pasado el lugar donde Gardel y sus amigos se reunían para comer, cantar y trasnochar.


Durante los fines de semana, el callejón que tiene como protagonista al “Morocho del Abasto” es la excusa perfecta para disfrutar de espectáculos de tango y folclore. Además, conviven con puestos que venden a turistas y curiosos las fantasías de esta cultura porteña: libros, partituras, discos y artesanías fileteadas.


Respecto al fileteado –esa forma decorativa de la pintura, iniciada a fines del novecientos junto al primer tango-, es el nombre y la fuerza visual del paseo que recorre la calle Jean Jaurès a la altura del 700. El filete se usó en un primer momento para decorar los carros tirados a caballo y más adelante los colectivos. En el Abasto de Gardel, es la impronta de casi todas las fachadas de esas casonas que recuerdan los años del conventillo, un elemento de atracción más de los bares y comercios de la cuadra y la imagen impuesta a persianas y galpones.


Dentro de este itinerario, se vuelve indispensable visitar el Museo Casa Carlos Gardel, lugar donde el representante más acabado de la música popular nacional vivió junto a su madre Berta entre 1927 y 1933. Esta “casa chorizo” fue reacondicionada con la decoración de la época en la que vivía el célebre cantautor. Aquellos días pueden ser reconstruidos por testimonios valiosos como los que brindó su madre luego del trágico accidente que acabó con su vida en 1935. Esa mujer que trajo al mundo al talento argentino por excelencia –por más que aún hoy se especule con el lugar de su nacimiento- murió en 1943 y se tardaron 60 años en recuperar la casa de Jean Jaurès 735.

En el actual museo, se exhiben pertenencias de Gardel que prestaron coleccionistas como Bruno Cespi, Hamlet Pelusso y Ángel Olivieri. La casa mantiene la cocina, la sala de planchado y el baño originales, además de permanecer intactos los pisos, las alacenas y el mármol de la mesada. Lamentablemente, las tres habitaciones que daban al patio fueron demolidas para construir una pista de baile cuando el lugar funcionaba como tanguería. Gardel pagó por la locación 50 mil pesos, cinco mil al contado y el resto en cuotas. Tiempo antes de la transacción, los guapos y tangueros la visitaban como “casa de tolerancia”, uno de los innumerables burdeles que conformaban la periferia del Mercado de Abasto. Luego, en 1918, fue una sastrería para señoras y ya por ese entonces, Gardel era habitué de cafés como el O’Rondeman, donde se juntaba con amigos. Después de la muerte de su madre, la casa fue heredada por Armando Defino, representante del artista, hasta que la viuda de éste se la vendió a los hermanos Ramos Machado, que la transformaron en una tanguería. Finalmente, el empresario Eduardo Eurnekian tomó posesión de la propiedad hasta que decidió donarla al Gobierno de la Ciudad en el año 2000.


De vuelta al recorrido por el Abasto, el tributo al Zorzal Criollo no se agota, continúa por donde se mire. Y es así: su exquisita voz y cada una de las canciones inolvidables que perpetuó en el tiempo fueron plasmadas en las paredes del Pasaje Zelaya, al que el visitante puede acceder desde la calle Jean Jaurès, luego de extasiarse con el fileteado y de visitar el hogar en el que viviera el “Rey del Tango”.


Dos cuadras, hasta la calle Agüero, bastan para sintetizar el espíritu del arrabal que el barrio conserva con recelo. Los retratos de Carlos Gardel se repiten: mirando de frente, hacia arriba o abajo, el turista lo verá una y otra vez. Las superficies son anecdóticas a esta altura. Es más, sobre diversas fachadas de casas o comercios se representan las partituras de los tangos “Volver”, “Golondrinas”, “Melodía de arrabal” y “Si tú no estás”. Las pinturas pertenecen al artista Marino Santamarina y, en algunos casos, merecerían mayor atención porque se encuentran descuidadas y obstruidas para la visión del observador.


La revisión de la cultura popular y los ánimos de la Comuna en atraer al turismo han convertido las calles que circundan al Shopping del Abasto en sinónimo de tango. La figura de ese hombre que cada día canta mejor fue apropiada por el barrio, con justicia y honor. Por donde se camine y hacia donde se mire, se ve y se siente Carlos Gardel.

Por: Leandro Chico / leandrochico@argentina.com

Foto: Leandro Chico

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Publicado por: hernands | Noviembre 10, 2008
otra nota muy interesante sobre nuestro "buenos aires tan querido". gracias por hacer conocer nuestra ciudad a lectores de todo el mundo. felicitaciones al autor.
y a la gente del zaguan.
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