La soledad
 La soledad, como cualquier otro sentimiento, no vale más que por la importancia que uno quiera acordarle. Uno puede sufrirla un poco, por un tiempo determinado, pero uno no debe “padecerla”. Aquél o aquella que se complacen en ésta, y que esperan a los otros para salir de la misma, pueden esperar mucho tiempo…
¡Es tan fácil no estar más solo cuando uno realmente lo quiere! ¿Ejemplos? Pregunte en el gobierno de su ciudad, en su intendencia. Pida la lista de las asociaciones existentes en su comuna. Investíguela. Rápidamente, según su personalidad, va a encontrar las actividades que le convienen (ping-pong, cartas, tenis, tareas solidarias, dibujo, etc.).
Interactuar con otros, comunicarse, reír, jugar, dar, hacerse amigos, tener citas puntuales… va a estar ocupado. Con un resultado mínimo de entrada nomás: va a pasar menos tiempo lamentándose.
Haga un ejercicio simple por día: por ejemplo, el primer día, diga “buenos días” a todos los que se cruce por el camino. El segundo día, pida una información (una calle, un negocio, un lugar) a varias personas. El tercer día, dóblese el tobillo y deje que la gente venga a ayudarlo.
Ya lo va a ver. Al cabo de un tiempo, va a tener un montón de amigos en su barrio. “Buenos días”. “¿Y, ya lo encontró?”, “¿Anda mejor de su tobillo?”… Entonces, ¿cuándo piensa empezar?
Traducido y adaptado de grOOnk por Alicia Peiró
Foto: Ettore (Darnok)
|