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Después de una ruptura

Cuando una pareja se separa, al dolor del fracaso se le suma casi siempre el temor de no poder iniciar nuevamente una relación amorosa. En este reportaje a la licenciada Andrea P. Lemelson, integrante del Staff del Centro y Especializada en Terapia e Integración de la Pareja, que fue originalmente publicado por Vida Plena, se acercan algunas reflexiones sobre el tema. 
 
–¿Cómo es posible encarar una nueva relación de pareja después de una separación y evitar nuevos fracasos amorosos?
–El amor de pareja, la entrega amorosa, se incluye en un largo proceso que el ser humano puede alcanzar luego de atravesar diversas etapas de constitución en las cuales va aceptando algunas pérdidas y conociéndose a través de las vivencias con sí mismo y con los otros. Para poder amar es necesario haber atravesado antes por la experiencia del amor propio, facilitado originalmente por quienes estaban a cargo del cuidado de la persona cuando era un niño. Cuando la relación originaria con los padres no fue satisfactoria en términos del cuidado amoroso, las marcas que esto deja pueden funcionar como obstáculo para el armado de futuras relaciones. Sin embargo, no es determinante y es posible reelaborarlas y transformar este déficit en una nueva posibilidad. El amor es una de las mayores fuentes de felicidad como de sufrimiento. En los lazos de amor se ponen en juego los ideales, deseos conscientes e inconscientes, mandatos de la familia, y la sexualidad, aspectos de la persona que suelen estar en conflicto entre sí.


–¿Cuáles son las causas de la separación de las parejas?
–Se puede hacer una diferencia respecto de la etapa vital en la que se encuentra una persona al tomar la decisión de constituir un matrimonio. Por ejemplo, hay muchos matrimonios que se formaron hace alrededor de veinte años, aproximadamente, que al momento de juntarse eran muy jóvenes, sin experiencias previas y, en muchos casos, presionados por las familias para tomar la decisión. Varias de esas parejas son las que se han separado en los últimos años y se encuentran hoy en día atravesando la experiencia de formar una nueva pareja, un segundo matrimonio. Sin embargo, no hay garantías ni fórmulas universales en términos del amor. En la actualidad se puede visualizar una fuerte resistencia al compromiso, una dificultad para la planificación y expectativa de futuro. La inmediatez exigida por la sociedad pone en jaque también a los encuentros amorosos. La virtualidad de los vínculos colabora en el sostenimiento de fantasías de perfección, que confrontadas con la realidad del encuentro muchas veces llevan al fracaso inmediato.


–¿Qué trabajo/reflexión interna es imprescindible para no repetir errores?
–Puede ser orientador reflexionar y elaborar los puntos de repetición conflictivos vividos con parejas anteriores. ¿Qué lugar ocupé en la relación anterior y cuál le di al otro? ¿Qué sostenía la unión? Muchos vínculos se forjan sobre una base intensa de sentimientos ambivalentes, amor-odio, que se pone de manifiesto en actitudes polarizadas que pueden ir desde el sometimiento, obediencia, borramiento de la propia individualidad, hacia intentos de separación abrupta por medio de agresiones o actitudes violentas. Reflexionar acerca de las elecciones que se han realizando a lo largo de la vida puede orientar para las próximas iniciativas.


–¿Es recomendable permanecer un tiempo solo/a antes de volver a formar pareja? ¿Por qué?
–El recorrido mencionado hasta aquí nos ayuda a entender los momentos de ruptura de las parejas. Sin embargo, no suele ser una etapa sencilla de atravesar. Realizar un duelo por la pérdida de un objeto de amor y la identidad que ese vínculo podía dar lleva un período de “trabajo” interno y profundo que es conveniente no saltear. No hay un tiempo prefijado ni es el mismo para cada persona, es parte del recorrido necesario que ha de realizarse en la intimidad de cada cual. Paso a paso se quita de ese objeto que se amó la energía que se había depositado en él. Es parte de ese proceso atravesar períodos donde se vivencian muy nítidamente los recuerdos. El duelo –dolor– por esa pérdida es parte natural del proceso de separación y sumamente necesario para retomar la capacidad de amar a una nueva persona como pareja.


–¿De qué manera se logra una buena convivencia entre hijos de parejas anteriores y de la actual?
–Es importante mantener claridad en los nuevos roles, más aún cuando hay hijos involucrados. Sostener la maternidad / paternidad, ejercer la función responsablemente, y avanzar también en la construcción de una nueva pareja no es una tarea sencilla, pero mucho menos imposible. Mantener esta diferencia sin que resulten mutuamente excluyentes es parte de la tarea. De lo contrario puede aparecer cierta fantasía no consciente de tener que elegir entre la paternidad-maternidad y la vida amorosa-sexual con una nueva persona, cargando esta decisión de una fatalidad que no es más que otra muestra de las dificultades aún irresueltas. Las relaciones que se mantienen con las ex parejas son variadas y dependen del nivel de madurez alcanzado por las partes. En ocasiones se efectúa de hecho la separación pero siguen en pie los modos patológicos de vinculación. Es conveniente evitar forzamientos y tolerar el paso del tiempo para que los nuevos integrantes y roles puedan aceptar la diversidad actual de la familia.


– ¿Qué lugar tiene la familia en la sociedad actual y cómo influye esto en los fracasos de pareja?
–La familia, como institución de la modernidad, se encuentra en un proceso de transición y reestructuración. Parte de la exigencia actual de la sociedad incluye el aceptar nuevos modos de vinculación que a veces entran en conflicto con la imagen de tiempos pasados como un núcleo cerrado y definitivo constituido por los padres y los hijos. Hoy en día la diversidad es reinante. Hombres y mujeres se encuentran haciendo el esfuerzo de comprender y tratar de aceptar la dinámica de las nuevas relaciones. Aquí hay que remarcar que, a pesar de la cantidad de personas involucradas, lo fundamental es la operatividad, es decir, la definición de roles y lugares y el acorde ejercicio de la función que a cada uno le corresponde en la estructura familiar. Si se cuida este aspecto y se respetan las diferencias, una buena convivencia es posible.


–Finalmente, ¿qué sugerencia se puede dar a aquellos que están desencantados o atravesando estados de angustia por alguna separación o pérdida de su objeto amoroso?
–Cada relación es un acercamiento, siempre distante pero posible, a vivenciar una aproximación hacia el propio deseo. Julia Kristeva dice en su libro Historias de amor que “el amor es el tiempo y el espacio en el que el 'yo' se concede el derecho a ser extraordinario”… Entonces, ¡por qué no hacer el esfuerzo!

Foto: Ettore (Darnok)

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Publicado por: Laura194 | Octubre 20, 2008
Ahora que tengo unos cuantos años y que he pasado por un divorcio, recuerdo las palabras de mis padres cada vez con más frecuencia. Ellos decían que en la pareja debía haber respeto y compromiso. Cuando se es muy joven solo miramos al amor como algo romántico y/o pasional. Pero la vida nos enfrenta con situaciones no pensadas, difíciles muchas veces, falta de trabajo, llegada de hijos, etc. y en eso no se piensa cuando somos jóvenes y armamos una pareja. El matrimonio es una sociedad y ambas partes tienen que tener claro qué quieren, a donde quieren llegar, cuales serán los roles de cada uno, y sobre todo comprometerse mutuamente a cumplirlos. Como decía Antoine de Saint Exupery, amar no es mirarse uno en los ojos del otro, sino mirar juntos un mismo camino.
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