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El llamado a estar a solas

Pasar tiempo a solas puede acercarnos más al otro. Estar solos puede llenar nuestra vida. ¿En realidad, qué nos impide disfrutar las relaciones, nuestra creatividad, nuestra serenidad? Una respuesta sorprendente, en esta era del aislamiento, es la falta de soledad.

Sucede que dedicar tiempo para estar a solas es una necesidad y también un remedio necesario en este mundo actual donde el tiempo apremia. De hecho, la soledad en realidad nos permite conectarnos mucho mejor con los demás.

Vivimos en una sociedad que venera la independencia, pero le teme mucho al aislamiento: nuestra era es acelerada y conectada por demás. La población mundial se ha duplicado desde la década de 1950, y en las ciudades de todo el mundo, la concentración de población en los centros urbanos y la nueva economía global han revolucionado las relaciones sociales. Los teléfonos celulares ahora extienden el ámbito laboral a todos los espacios de nuestra vida; la religión ya no es más un lugar para encontrar el retiro silencioso, sino que ofrece "megaiglesias" de entretenimiento social y secular, y los alpinistas que suben a la cima del monte McKinley llevan radios portátiles para llamar a casa. Estamos llegando al punto en que, según el New York Times, "los teléfonos portátiles, pagers y dispositivos de transmisión de datos de toda clase nos mantendrán conectados irremediablemente”. No obstante, en otro sentido, más profundo, estamos “irremediablemente” desconectados. La necesidad de una soledad genuina y constructiva ha quedado perdida, y, en el camino, también nos hemos perdido nosotros.

Ahora, más que nunca, necesitamos nuestro espacio a solas. Estar solos nos da el poder para poner orden en nuestra vida. Esto nos puede enseñar a ser fuertes y capaces de satisfacer nuestras propias necesidades. La quietud de las vivencias a solas restaura nuestras energías y nos da ese descanso tan necesario. Provoca el deseo de indagar, la curiosidad por lo desconocido, la voluntad de ser individuos, la esperanza de libertad. El tiempo a solas es combustible para la vida.

Como psicóloga, he sido testigo de las grandes ventajas de pasar tiempo a solas y he visto cómo en realidad fortalece nuestros lazos. Una joven me confió que su esposo era un amante maravilloso y gozaban de una intimidad extraordinaria. Sin embargo, no se iban a acostar ni se levantaban a la misma hora. A la mañana, ella leía el diario y tomaba café a solas. En la calle había silencio y ella estaba verdaderamente sola. Nunca renunciaría a ese tiempo a solas a cambio de más sexo; esas mañanas solitarias y las noches solitarias de su marido eran el cimiento de esa intimidad poco habitual.

Hay razones igualmente convincentes para aducir que tanto la necesidad de estar solos como de estrechar vínculos con los demás son esenciales para la felicidad y la supervivencia humanas. La madre naturaleza le da prioridad fundamental a la soledad: el sueño es la manera natural de garantizar la soledad. Sin embargo, vista la creciente cantidad de clínicas para trastornos del sueño y la venta de somníferos, hasta este escape fundamental hacia la soledad está en problemas.

Nuestro error es suponer que la soledad y los vínculos se contraponen. Se oponen únicamente cuando se los enfrenta. Los aspectos sanadores de la soledad no han pasado completamente inadvertidos por la psicología actual; el hecho de hacer una pausa (en inglés, time out) ha sido promovido como una estrategia para sobrellevar las dificultades o un respiro emocional. Sin embargo, la frase time out sugiere que, en el escenario de la vida, las relaciones y los incentivos son los actos importantes, y que el tiempo a solas es meramente un intervalo. En realidad, ambos se enriquecen entre sí profundamente. Así que… descubramos las virtudes de la soledad.

Estar solos no es padecer la soledad

Durante el siglo pasado, la manera en que hemos considerado la soledad ha cambiado drásticamente. “Solo” no siempre significó la ausencia de otros. En inglés, esta palabra (alone) fue acuñada en la época medieval, y originalmente significó la integridad del ser singular. En lenguaje religioso, “soledad” generalmente se refería a la vivencia de unidad con Dios. No obstante, todos los significados actuales de “solo” implican la carencia de algo. Invariablemente, la soledad se enfrenta con el cuestionamiento, cuando no la censura, de la sociedad. Lo que es peor, la gente asocia la vida en soledad con fines antisociales o correr riesgos innecesarios. Quizás, lo más sorprendente, es que la soledad se vive como algo doloroso.

Por: Ester BuchholzPage

Publicado en Psychology Today Magazine, ene-feb. 1998

Traducción: Patricia Groeting

Foto: Patricia

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Publicado por: Lucrecia | Agosto 31, 2008
Siempre pensé que la persona que no le encuentra gusto a estar sola es porque no tiene diálogo consigo misma. Desde ya, no me refiero a la soledad permanente, sino a esos momentos del día reservados para uno mismo.
Publicado por: smartdragon | Septiembre 3, 2008
Estoy de acuerdo con el comentario anterior. Es bueno saber disfrutar de "estar con uno mismo" y reservarse un tiempito propio...
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