Estoy solo versus no tengo pareja
 Muchas veces las personas dicen "estoy sola" o "estoy solo" queriendo significar no estoy en pareja, que no es lo mismo. Las personas se pueden sentir solas, pero nadie está solo ya que, generalmente, uno tiene familia, amigos y grupos de pertenencia.
Por otro lado me pregunto, dada mi experiencia clínica y vivencial, cuántas veces uno se une a otro para mitigar la soledad, se genera un “combo de soledades” y luego termina la persona más sola que antes de iniciar estas uniones.
Considero que hay diferentes tipos de uniones producto de la sociedad actual, la cultura y los códigos del siglo XXI, algunas de ellas podrían ser:
-Para los que desean sólo sexo, el conocido “toco y me voy” y luego cada uno sigue su vida; y así van pasando de persona en persona, sin que le dejen ni dejar ninguna huella personal, ni compromiso alguno en el otro y en sí mismos.
-Las relaciones que perduran a pesar de tener conflictos, soportándose uno al lado del otro y devorados por la rutina al estilo del título de la obra de teatro “No seré feliz pero tengo marido”.
Hay muchos otros motivos por los cuales la gente se junta. Pero en el fondo y haciendo un crítico autoanálisis, cuando llega el momento de encontrarse con uno mismo, están más solos, frustrados, entristecidos y empobrecidos que cuando empezaron.
Y hay también un pequeño grupo de personas que desean encontrarse con otro, darse tiempo para ver qué sienten, cómo transcurre el vínculo, si hay cuestiones en común, además de la atracción física, posiciones frente a la vida. Estas van viendo de a poco si la relación funciona, sin grandes expectativas, más que vivir el aquí y ahora y el deseo de, si hay realmente un “encuentro amoroso” en los diferentes aspectos, irse comprometiendo y disfrutando del mismo.
Pero hoy más que nunca, debido a la vertiginosidad de la vida, las relaciones de pareja deberán tener los condimentos de mucha tolerancia, sostener las diferencias de forma, no de fondo, (si no, no podría construirse un vínculo nutriente), sin grandes idealizaciones y sin pretender el príncipe o la princesa de Disney, sino dos sujetos que reconozcan sus faltas, sus carencias, que puedan complementarse en ellas, soportarse el uno al otro las debilidades, los defectos, pero sintetizando un balance positivo para ambos. Creando una pareja y luego recreándola con creatividad y buena predisposición.
En síntesis, creo que también lo importante es disfrutar el tránsito hacia el encuentro, las escalas técnicas del viaje hacia el destino del amor. ¡Vale la pena arriesgarse!
Por: Lic. Graciela Iglesias
Psicóloga especializada en coaching Representante del Dr. Lair Ribeiro en la Argentina
(011)154-050-3166 Foto: Mary R. Vogt
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