Amor, ¡todo se juega desde el comienzo!
 Aventura de una noche o amor de una vida, el encuentro es decisivo. Todo se define desde el principio. Para disfrazar nuestro miedo de amar, ponemos muchas veces en marcha estrategias de escape. Claves y consejos para superar los obstáculos y arrancar con buen pie esta nueva aventura.
Uno acaba de conocerlo o de conocerla… el tiempo se detiene, ¡es él, es ella! Ya sea que dure un minuto, una vida, una noche, el encuentro es mágico. Más allá de la secuencia emoción, cuando uno encuentra al otro, se cuenta siempre una historia… Los estudiosos del comportamiento lo dicen: “Cuando se produce el primer contacto se ponen en marcha los fermentos del idilio”. “En un encuentro, es siempre una parte de uno mismo que se encuentra en el otro”, sostiene Catherine Bensaïd, psicoanalista. En resumen, todo se pone en juego desde el comienzo y, sobre todo, las estrategias inconscientes para esconder el miedo de amar. El encuentro trastorna. Comprometerse con alguien es renunciar a otros posibles: es algo que siempre le reprochamos a aquel que amamos, explica el psicoanalista Samuel Lepastier. Cada uno, sin saberlo desarrolla una estrategia de escape. Aquí expondremos algunos comportamientos típicos, lo que estos esconden y, sobre todo, cómo remediarlos.
Uno se considera derrotado de antemano
Es terrible observar la cantidad de ideas que a uno le pasan por la cabeza durante la espera de la próxima cita. Uno se encuentra espantoso, poco interesante, y piensa que el otro tiene seguramente mejores cosas que hacer que llamar a alguien tan insignificante como uno.
La opinión del psicólogo: Este fenómeno no perdona a nadie. Y afecta sobre todo a los que sufren de falta de confianza en sí mismos, de miedo de decepcionar al otro. En ausencia del elegido, el monólogo interior se acentúa. Se nutre la mayor parte del tiempo de pensamientos negativos.
Para remediarlo: Cultivar la autoestima. Es suficiente con que uno detecte los pensamientos tristes y los rechace enérgicamente. ¿Cómo? Tomando un papel y un lápiz. Se escribe en una columna todas las frases del estilo de “no le llego ni al tobillo” y en la otra una cualidad particular. Eso que a uno lo vuelve único.
Uno tiende a idealizar al otro
Es maravilloso, tierno, galante. Es perfecto, y uno acaba de encontrar la perla exquisita, el hombre o la mujer ideal. Ustedes están hechos el uno para el otro, y uno lo grita a los cuatro vientos.
La opinión del psicólogo: El estado amoroso idealiza al ser amado. Al comienzo de una relación, uno proyecta sus fantasías de felicidad sobre este. No se lo ama por sí mismo, sino por la imagen que uno tiene de él. Hay que saber que, después de la ilusión, viene la desilusión. Apenas el día a día lo revele tal como es, uno se sentirá tentado de abandonarlo. Persuadido de que es éste el que ha cambiado.
Para remediarlo: ¡Evitar el encandilamiento de cualquier comienzo! Para esto, hay que analizar qué parte hay de realidad y qué parte de imaginación. ¿Cuáles son sus calidades? ¿Es divertido, o uno se ríe apenas abre la boca? No se trata de anotar sus defectos para hacerle un reproche, sino de tomar conciencia de pequeños reveses que podrían empeorar con el tiempo…
Uno es un dependiente afectivo
Se está dispuesto a todo para ganar sus favores. A dejar a sus amigos, a cambiar sus costumbres… salidas, cine, look, dejamos que él o ella elijan todo.
La opinión del psicólogo: Uno es un dependiente afectivo y se olvida de sí mismo en beneficio de su partenaire. Sus deseos y sus necesidades son más importantes que las nuestras. En el centro del problema está la dificultad de estar solo. Sin embargo, es cuando uno hace todo para adaptarse al deseo del otro que se arriesga más a perderlo.
Para remediarlo: Una paradoja: hay que correr el riesgo de no gustar para poder gustar. En el origen de este idilio, son las cualidades de uno las que le gustaron al otro. Es necesario entonces cultivar su propia personalidad. Continuar con los cursos de tango o de italiano… ¡y entrenarse a salir sin él o sin ella!
Una vez pasada esta etapa del comienzo, cada uno es responsable de mantener la llama encendida a fin de prolongar la magia y preservar este vínculo único que los une.
Por: Catherine Maillard (Doctissimo)
Traducción: Alicia Peiró
Foto: Hernan Herrero (Stock.xchng)
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