Amigos
 Excusa para saludarlos en forma especial, motivo para recordar a los que ya no están, ocasión de agradecer a algunos que nos hicieron algún bien y a los cuales no pudimos decirles nada en su momento, o simplemente un día comercial más, de esos que hacen el agosto de las compañías telefónicas y las empresas de Internet, y ayudan a balancear el magro saldo que julio está dejando a los comercios vernáculos. La cosa es que el Día del Amigo llegó para quedarse, y casi nadie en estas tierras logra salir indiferente de las jornadas previas y del propio 20 de julio, cuando los cafés, los pubs y los restaurantes de las principales ciudades de Argentina, al menos, acusan un lleno total.
Ya sea para criticar la fecha y recordar que a los amigos uno los tiene y los homenajea cualquier día del año (esto me recuerda lo que decía mi mamá acerca del Día de la Madre), o bien para engancharse en la ola publicitaria y comunicacional (perdón por el neologismo tan a la moda) y mandar frenéticamente mensajes de amistad y amor a todos los amigos, conocidos y compañeros ocasionales que tengamos en la lista de correo o en los contactos del celular, el asunto es que el bombardeo de avisos no nos permite quedar al margen.
Y bueno, ya que estamos, aprovechamos algunos para reflexionar sobre el tema, y nos decimos que está bueno lo de poder pensar en quiénes son nuestros amigos y quiénes han pasado por nuestra vida dejando huellas quizás muy tenues, pero huellas al fin. Quiénes nos incluyen en su lista de destinatarios de mensajes prefabricados en power point, algunos muy bellos pero pensados por otros, y quiénes arman un mensajito especial para cada uno de sus amigos, o una moderna carta colectiva y electrónica que sin embargo intenta abarcar en un enorme abrazo virtual a todos aquellos que nos importan y están fuera del alcance de nuestros brazos. No importa lo que haga cada uno, lo que sí importa, creo, es el hecho de que destinamos parte de nuestro ajetreado día a pensar en ellos.
Quizás somos de los que reenviamos, respondemos y guardamos cuanto mensaje recibimos, quizás somos de esos otros que borramos todo lo que pesa y ocupa lugar en nuestra computadora o en nuestro teléfono móvil, pero seguramente cada mensaje nuevo que nos llega nos hace pensar un instante, al menos, en aquél que lo envía. Por qué fulanito se acordó de mí especialmente en estos días, qué hace que menganita me incluya en su lista de amigos, yo que la consideraba una compañera de trabajo y nada más, por qué zutano, al que quiero tanto, no me hace saber de su vida, ni siquiera en este día, que un argentino (¿quién, si no?) hizo registrar como el “día internacional del amigo”, dicen que en honor a la llegada del hombre a la Luna y para celebrar la amistad y el entendimiento entre los seres humanos. Esta y tantas otras preguntas que nos planteamos, sumadas a decenas de discusiones en torno al tema, como aquella que instauraron los fanáticos de Roberto Fontanarrosa, cuando propusieron que la celebración se corriera al 19 de julio, día en que murió el genial y tan querido humorista rosarino, muestran que el tema de la amistad y de aquello que podemos hacer o decir en torno a este sentimiento no se agota en un día.
Entonces, reunidos o no en torno a una mesa, sentados en frente de la pantalla o aferrados al teléfono y rogando que no colapsen las líneas esta vez, celebremos la amistad y agradezcamos los amigos que tenemos y los amigos por venir. Desde esta página que intenta ser un medio para el encuentro, vaya un abrazo virtual a los amigos del zaguán, a todos aquellos que se acercaron de una u otra manera: dando parte de su tiempo para sacar el proyecto adelante, regalando sus notas, haciendo comentarios públicos y privados, comunicándose con nosotros o simplemente leyendo y compartiendo aquello con lo que se sintieron identificados o que creyeron podía servir a otros. A todos ustedes, muchas gracias.
Por: Alicia Peiró
Foto: Sanja Gjenero (Stock.xchng)
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