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El amor en los tiempos de la gripe porcina

La culpa no es del chancho, lo sabemos. Pero la cosa es que estamos recluidos, aislados voluntariamente o a la fuerza, asustados, más precavidos que nunca y, por qué no decirlo, un poco paranoicos.


Qué pasa con nuestros afectos, con nuestras posibilidades de conocer gente, de abrirnos al encuentro de otros, cuando desde todos lados nos bombardean con el mensaje de que evitemos el contacto con personas enfermas (¿cómo saber quién lo está y quién no?), que no vayamos a lugares públicos, que ni siquiera vayamos a trabajar si podemos evitarlo, que no viajemos en subte, colectivo, tren y menos que menos en aviones o micros de larga distancia. Demás está decir que nos recomiendan que no nos juntemos a festejar nada, que no organicemos reuniones públicas ni privadas, que no vayamos a bailar a ninguna parte, que no pisemos cines ni teatros. Que no compartamos bebidas ni utensilios, que no tomemos el tradicional mate con cualquiera que se acerque a la rueda, es más, que no tomemos mate, directamente, ya que cómo podemos saber si la persona con la cual lo hacemos está incubando la temible peste.


Y, sobre todo, que ya no besemos a cuanto cristiano se nos cruza por el camino, una costumbre de las últimas décadas que puede parecer un poco frívola porque ha reemplazado al tradicional apretón de manos en la Argentina, pero que aplicada a los amigos y a los compañeros de trabajo es una gentil forma de acercamiento, de decir tengo afecto por vos y lo demuestro con un beso.


De los cambios que la gripe ha traído, inclusive en los programas de televisión, ya se ha dicho mucho, y los blogs que se dedican a los encuentros amorosos hacen, en tono de broma pero con preocupación manifiesta, suposiciones acerca de la imposibilidad de dar besos o de qué posiciones en el amor son las mejores para evitar todo contacto cara a cara…


La cuestión es que si ya andábamos escasos de vida afectiva, este tiempo no parece el mejor para iniciar ningún cambio. O sí, solo que tenemos que aguzar nuestro ingenio y buscar nuevas formas de relacionarnos con los demás. Quizás estos sean tiempos para averiguar qué cosas nos gustaría hacer cuando termine la cuarentena, y directamente anotarnos en ese curso que dejamos pendiente, en ese taller que empieza en agosto, en esa clase de baile que miramos desde la vidriera pero a la que hasta ahora no pudimos entrar. Y animarnos a las actividades al aire libre, como las caminatas, las bicicleteadas, los paseos en rollers, todas cosas que podemos hacer a conveniente distancia de más de 80 centímetros unos de otros, sin el temor de los virus depositados en lugares cerrados y en superficies tocadas por todos.

No dejemos que la paranoia nos ataque: seamos creativos, seamos solidarios, busquemos entre nosotros lo que otros no saben o no quieren transmitir. Un poco de sensatez, algo de cuidado, una pizca de imaginación y mucho amor por aquellos que nos rodean. Por los que conocemos y por los que todavía tenemos por conocer.

Por: Alicia Peiró

Fotomontaje: Ana Guadalupe Llano

 

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Publicado por: mariano | Junio 11, 2009
Como buen argentino, me resisto a dejar de dar besos. Y me parece una tilinguería eso de andar chocando codos...
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