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El instinto de la prostitución

¿Por qué las mujeres siguen imaginando que casarse y tener hijos es el objetivo primario de sus vidas? ¿Qué les pasa? ¿Qué parte no han comprendido del último siglo? ¿Por qué esa perpetua letanía sobre los hombres y su supuesta ausencia? No hay hombres, no hay hombres, no hay hombres. Como si los hombres fueran un tubérculo misteriosamente descontinuado en el supermercado. Los que valen la pena están casados o son gays y los divorciados por algo lo serán. Eso dicen. Que no hay hombres.

Con humor, tristeza, frustración y a veces con entusiasmo, como si el vínculo creado por sufrir de esa misma orfandad de machos las uniera desde un lugar muy profundo. No hay hombres. Lo repiten con el desánimo de un terrícola que tras varias décadas viajando en el espacio no ha hallado vida en ninguna parte. Necesitan hombres para poder casarse y tener hijos, ese es su problema: una mala jerarquización de las prioridades. Porque lógicamente es válido, hermoso y deseable tener familia, pero cuando ocurre como resultado del amor, no si es la meta demostrativa para la cual estas voraces caza-maridos buscan un padrote bien acomodado. El amor, para ellas, nunca es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar al matrimonio y un vehículo para procrear. Un impulso primitivo –o el fulano reloj biológico– las compele a demostrar alguna cosa cumpliendo esos dos ritos. Sex & the City, por ejemplo. Es genial, pero igual: no hace sino transformar la misma retahíla de anhelos casamenteros en algo cool.

Tengo 37 años, ahora estoy sin pareja y no tuve hijos. Esas tres frases dichas así, seguidas, ponen los pelos de punta a mis compañeras de género. Como si les dijera: “Tengo cáncer, me echaron del trabajo, mi familia acaba de morir en un accidente aéreo”. Me miran con una lástima colosal, concentrando toda la empatía del mundo en una piadosa expresión que parece decirme: “Ya vendrá, no pierdas la fe”. Así, con esa gratuita compasión, me adjudican la única desgracia universal femenina que suponen que una es capaz de padecer. ¿Por qué después de haber quemado corpiños en las hogueras feministas de los años 60, tantas mujeres aún siguen demandando lo mismo que esperaban hace cien, doscientos, quinientos años atrás? Un hombre rico que les solucione la vida. ¿Cómo es que aún son incapaces de desoír el instinto de la prostitución?


Por: Leila Macor  

Foto: Crystal Leigh Shearin

Enlace: http://escribirparaque.blogspot.com/
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Publicado por: Isabel_Reloaded | Junio 20, 2009
Excelente la nota. Tal cual lo de la "gratuita compasión".
Sí hay hombres (también creo que hay mujeres que hablan de "ellos" y "nosotras" como si fuera un Boca-River, y ahí está el peor error). El tema de la falta de compromiso es otro, y no pasa por una cuestión de "género".
¡A seguir el instinto!
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