De solteros y de padres solos
 Dos notas esta semana me inspiraron para escribir este artículo. Primero, una de la periodista Amanda Mars, publicada el 27 de marzo en el diario El País de España y ampliamente reproducida por medios argentinos, que analiza la situación de los singles cuya vida glamorosa se ha visto degradada por la crisis. La otra, en el Clarín de hoy, escrita por Mariana Iglesias, titulada "Mujeres solas que buscan adoptar" (ver enlace). Confieso que, en un principio, antes de leer este último artículo, pensaba escribir algunas reflexiones que me provocaba el comparar lo descrito por la periodista española con lo que, a simple vista, ocurre en Argentina con los solteros y la crisis. Pero la nota de Iglesias me impulsó a replantear el tema.
Hace ya mucho tiempo que cuando pienso en la situación de los solos me digo que en realidad cuando hablamos de solos estamos incluyendo muchos tipos de soledad. Y que generalmente nos referimos, en este “solos”, a los que no tenemos pareja, simplemente. Porque seguramente hay solos que no tienen a nadie, ni pareja, ni hijos, ni padres y hermanos, ni primos, ni un perro que les ladre. Pero la situación de la mayoría de los que nos incluimos en el “solos”, al menos, desde donde yo escribo, Buenos Aires, Argentina, es la de gente que tiene familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y de diversas asociaciones, y que por elección o por circunstancias de la vida está sin pareja.
La nota de Mariana Iglesias me hizo pensar, entonces, en el tema de los hijos. Tener o no tener hijos, algo que cada vez, en el mundo en que vivimos, tiene menos que ver con tener o no tener pareja, aunque algunos sigan pensando diferente. Y no quiero decir que los hijos vengan a llenar un vacío de pareja, aunque también muchos opinen todo lo contrario. Hoy muchos de los solos somos personas que vivimos en pareja una parte de nuestra vida y luego nos separamos, y algunos de nosotros tuvimos hijos con esa pareja. Otros decidieron emprender solos el camino de engendrar un hijo (bueno, solos del todo no, se entiende, pero se hicieron cargo del infante solos). Y otros, movidos por un deseo profundo de ser padres y sin recorrer el camino de engendrar un hijo biológico, buscaron en la adopción una respuesta a su vocación.
Mi vida está llena de ejemplos de estos últimos, algunos de ellos muy cercanos en el afecto. Sin ir más lejos, y mucho antes de que las revistas se ocuparan tan profusamente del tema, una tía mía, que había sido la tía soltera preferida de toda la sobrinada, decidió un buen día adoptar una niña aparentemente desahuciada por la vida, y hoy es la feliz abuela de cuatro bellos nietos. Claro, era en el Chaco, los jueces no se andaban con tantas vueltas en esos tiempos, y nadie cuestionó en ese momento si mi tía tenía pareja, si formaba parte de una familia honorable, si tenía medios para mantener a su hija. Hoy en día todo es más difícil. Tanto, que algunos, como cuenta la nota de Clarín, van a buscar en lugares tan lejanos como Haití los niños que el país no les permite adoptar.
Si la adopción por parte de mujeres solas resulta complicada, mucho más lo es para los varones. Pero el deseo de ser padres puede ser tan fuerte en ellos como en ellas, y los pocos casos de adopción en que los jueces recurren a un candidato masculino confirman que el amor y el compromiso genuino con la paternidad deberían ser los indicadores privilegiados para la toma de decisiones.
La crisis puede estar afectando nuestra calidad de vida, es verdad. Muchos ya hemos tenido que renunciar a salidas y viajes, otros han tenido que pensar en compartir su vivienda con amigos o familiares, como cuenta la nota de El País. Pero para aquellos que ya tienen hijos o que han decidido abrir sus brazos para recibir a aquellos a quienes otros no quisieron o no pudieron dar amor, la vida sigue llena de pequeñas y grandes alegrías. Patear con ellos una pelota en el parque, dar vueltas en bicicleta o en patines, asombrarnos juntos frente a las maravillas de la naturaleza, leer un cuento una y otra vez, antes de que se duerman, por fin, y nos dejen volver a sentirnos solos, aunque sea por un rato.
Sé que no todos estamos preparados para afrontar de esta manera la maternidad o la paternidad, y es bueno que así sea. Pero para todos aquellos que se atrevieron y que transitan, en “solos”, este camino, valga un sencillo homenaje. Y me permito dedicárselo, en especial, a mi amiga Claudia, que dejó una vida de soltera con todo el glamour para convertirse en la maravillosa madre de tres hermosos hijos.
Por: Alicia Peiró
Foto: Bianca de Blok (Stock.xchng)
Si te interesa leer la nota de Amanda Mars, El 'single' vuelve a ser un simple solterón, cliqueá en http://www.elpais.com/articulo/sociedad/single/vuelve/ser/simple/solteron/elpepisoc/20090327elpepisoc_1/Tes
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