La amistad prepaga
 Debo ser la última persona en enterarse de que existe un servicio llamado “Comprador Personal” (o Personal Shopper, que suena mejor). Es como el Personal Trainer, pero de compras. En general se trata de damas pizpiretas venidas a menos que para ganar unos pesos sin perder el glamour, ofrecen sus servicios a nuevas ricas que no saben cómo vestirse. Bien. Poco después de que mi ignorancia en tendencias y consumo se amortiguara un poco con esta valiosa información, leí que en Estados Unidos inventaron al “coach” amoroso, que es una especie de entrenador en los quehaceres del cortejo y del sexo. El experto en seducción le indica al infeliz que contrató su servicio si debe invitar a la chica al cine o a comer, cómo vestirse, qué decir y qué temas evadir. “¿Te bañaste, te cepillaste los dientes?”, le pregunta. En resumen, es un amigo por catálogo que le explica a su cliente qué hacer con la minita.
Es el terreno del éxito inmerecido, donde la pereza se premia y la comodidad se malcría. Haga abdominales sin moverse del sofá, aprenda inglés sin estudiar, adelgace sin hacer dieta, sea famoso sin tener ningún talento, hágase rico sin trabajar. O contrate consejeros que lo asesoren sobre la apariencia y sobre el amor y ahórrele sus pesadas lamentaciones a un amigo gratuito, que en general acaba exigiendo un cariño que nos hace perder tiempo y dinero. He ahí el nicho de mercado en el mundo del mínimo esfuerzo: la amistad prepaga. Cómo no se me ocurrió antes. El negocio estaba ahí; y yo escribiendo tonterías.
Foto: Escena de la película Hitch (2005), donde Will Smith interpreta a un "consultor sentimental", experto en citas amorosas.
|