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El Chaltén: senderos para conocer el mundo

Si se está buscando aventuras, desconectarse de todo y conocer gente de todo tipo, se tiene que viajar a este escondido pueblo de Santa Cruz. Uno de los pocos lugares típicos de montaña de la Patagonia argentina.

Llegar al Chaltén es ingresar a la más pura libertad en todas sus formas. Un lugar que, a pocas horas de la famosa ciudad de Calafate, nos recibe con su ícono desde kilómetros en el camino: el Cerro Fitz Roy.

El Chaltén es un pueblo que aún mantiene el encanto de estar inmerso en una zona de montaña, en donde el clima puede cambiar en cuestión de minutos pero que, siempre, deja pasmado a cualquier nuevo visitante con un marco de picos, ríos, cóndores andinos y aves de todo tipo que sobrevuelan el foco urbano.

Ubicado en el parque nacional Los Glaciares, en este lugar no hay grandes hoteles -sólo uno y para extranjeros con mucho efectivo- ni casinos, ni cines. Tampoco tiene shoppings ni centros comerciales. Y por suerte esto es así, porque todos estos aditamentos urbanos le quitarían el concepto genuino de todo el territorio: vivir la plena libertad.

Este pueblo santacruceño se destaca por sus senderos -por lo que fue bautizada como “la capital del trekking”- que llevan a los diferentes puntos en donde uno puede sentirse invencible caminando por horas y llegando a lugares fascinantes como los glaciares del Cerro Torre, o Laguna Capri, que permite contemplar por horas el Cerro Fitz Roy, quien acompaña a cada paso en cualquier caminata.

Asimismo, estos estrechos pero largos caminos peatonales permiten la conexión con otros que también buscan aventurarse en estos paisajes. La idea es sentir cada paso como una nueva experiencia para todos los sentidos; la solidaridad y la cooperación de los turistas hacen que el Chaltén sea más seguro ya que, ante cualquier dificultad, la ayuda está asegurada. 

Este pueblo concede también la oportunidad de ingresar a una Babel en donde el viajero solitario, si quiere, puede estar acompañado siempre. Dado el alto costo del hospedaje, al igual que en El Calafate, la mejor opción son los hostels. Y los que creen que estas “estructuras” son sólo para menores de 30 años, están más que equivocados.

La gran diversidad de hostels que hay en El Chaltén permite que se tenga una amplia oferta a la hora de elegir dónde hospedarse. Y esto puede traer varios tipos de experiencias. Por un lado, se encuentran los que nacieron con el pueblo, grandes cabañas de madera con una vista magistral de todo el lugar, que permite a sus habitantes compartir desde cálidos comedores hasta tranquilos espacios para la lectura.

El Chaltén no es exclusivo de jóvenes que quieren escalar, también llegan profesionales de todas las edades o extranjeros que arriban buscando encontrar el temple del Fitz Roy, al igual que prometían los catálogos. Y esa promesa siempre es cumplida.

Lamentablemente, para los que amamos el paisaje de nuestro país y queremos que otros lo compartan, todavía no hay mucho turismo argentino. La mayoría de los que se aventuran hasta El Chaltén son extranjeros. Desde Israel, Japón, toda Europa y nuestros vecinos del Brasil, todos los acentos (y sus costumbres) impregnan el pueblo, y el hecho de compartir alojamiento con estos viajeros puede ser un muy interesante “intercambio cultural”: desde chistes hasta licor, todo lleva a que nunca se esté solo.

Pero claro, si uno quiere gozar de una completa soledad, agarre su mochila y comience a caminar. Eso sí, el Fitz siempre lo estará acompañando.

Foto: Juan Manuel Pautasso (Stock.xchng)

Por: Elizabeth Garrido  
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