Juntos, nada más
 Hace poco un amigo que vive en Francia me hizo uno de los mejores regalos que se me puedan hacer: me trajo libros… Muchos, no sólo el que le había pedido, un ensayo sobre las nuevas soledades. Vino con su bolso cargado de buenas novelas, supuestamente para leer él en su estancia en Argentina, pero que me dejó generosamente a su partida. Y me recomendó el que ahora voy a comentarles, una novela de Anna Gavalda, prolífica joven autora francesa, a quien confieso no conocía hasta ahora. Hacía mucho que no podía darme el lujo de leer sin parar, salvo para las vacaciones: pues bien, empecé este, Juntos, nada más, y sacrifiqué siestas y horas de sueño nocturno para terminarlo cuando antes, atrapada por un relato que une a cuatro personajes entrañables, que se encuentran para compartir lo poco (o mucho) que tienen para ofrecer.
Pero como además de disfrutar de la lectura casi con total ingenuidad me encanta descubrir a otros que hayan gozado como yo con mis hallazgos, navegando por la web caí sobre un comentario hecho por una colega española (profesora de francés a tiempo parcial), cuyo nombre desconozco y que escribe bajo el seudónimo de “chgamallo” un blog llamado “Viendo el mundo desde mi sillón”, a quien dejo hablar por sí sola (y en su versión original: aunque lo pensé en un primer momento, decidí no traducir su escrito al español rioplatense).
Alicia Peiró
Ensemble, c’est tout By chgamallo Leo poco. Lo reconozco. Leo poco aunque empiece muchos libros, que por cierto, suelo coger en la biblioteca. Otro día os contaré sobre mis experiencias en las bibliotecas (¡soy socia de cuatro!). El caso es que leo poco porque cuando leo, sólo leo. Apenas como ni duermo. Me pasa lo mismo con el ajedrez, por eso hace años que no juego.
Hace casi un año, decidí seguir leyendo un libro que había cogido prestado en la biblioteca, que había renovado tres veces y que estaba a tres días de pasarse de fecha. Sólo había leído hasta la página 18 y no me había entusiasmado. Tuve la brillante idea de llevármelo en la maleta para pasar un fin de semana en un spa que acabó saliéndome por un ojo de la cara.
Aquel sábado a las diez de la noche, con el partido de la jornada de fondo, decidí retomar la lectura. A las ocho de la tarde del domingo, más de quinientas páginas después, lloré de emoción y de alegría. Era la primera vez que me pasaba con un libro.
Quizás no sea una obra maestra, quizás no sea el libro mejor escrito, quizás no sea el mejor libro que lea en mi vida. Pero para mí es un libro especial. Mis alumnos “qui se prennent la main” lo saben. Mis tías lo saben. Mi cuñada lo sabe. Y quién sabe a quién más le regalaré este libro… Porque yo tengo esa manía. Cuando algo me gusta, me gusta compartirlo. No penséis mal: me refiero a los libros, las películas, las experiencias…
Ayer fui a Correos a recoger un paquete que contenía la película basada en ese libro. Esta noche, desafiando una vez más a las madrugadas que me tienen insomne desde hace unas semanas, la he visto (no creáis que olvido, chères amies, que me la grabasteis el año pasado en un dvd que nunca pude ver…). Y no es la mejor película del mundo, ninguna obra maestra. Pero llega en un momento especial y porque me ha gustado, he querido compartir esta experiencia con vosotras y vosotros. Porque en estas noches solitarias de insomnio, este blog y su hermanito el podcast, son una grata compañía. Porque al fin y al cabo, lo que importa es que estemos “juntos, nada más”.
Fuente: Viendo el mundo desde mi sillón, por Chgamallo
Foto: Imagen de la película Juntos, nada más
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